jueves, 1 de septiembre de 2016

23 Iguazú, fin del mundo

“Non plus ultra” era lo que ponía al final de los mapas en aquella época en la que no se conocían las Américas y lo de que la Tierra era redonda. En el final del mundo tendría que haber una especie de cataratas donde el agua se precipitaba en el vacío. Aquella imagen viene a ser una realidad en Iguazú. Un espectáculo de la naturaleza maravilloso y sobrecogedor. Por algo su fama y su distinción como una de las Grandes Maravillas del Mundo. No tenía grandes expectativas por lo turístico y tópico del lugar antes de ir. Sin embargo, jamás algo me sorprendió tanto: por ahora, el lugar más espectacular que jamás he visto. No se puede explicar, para sentir aquello hay que estar allí, en el centro de la Garganta del Diablo, donde una mole de agua se hunde a tu alrededor sonando en continuo estruendo. No merece la pena contar mucho más de este rincón de Sudamérica al borde de tres países, Argentina, Brasil y –casi ahí– Paraguay. Simplemente, es algo que hay que vivir.

miércoles, 17 de agosto de 2016

22 Mi crónica del Frontera Trail 60k, en Temuco, Chile

Mi segunda experiencia internacional de ultratrail fue en Chile y la cita elegida el Frontera Trail 60k en Temuco. Es una carrera que se desarrolla en senderos y caminos dentro del Parque Ecológico Rucamanque, en los alrededores de la ciudad de Temuco (región de la Araucanía). Un trazado sinuoso de unos 2500 metros de desnivel positivo y 60 kilómetros que se convirtieron extremadamente técnicos debido a las condiciones de barro y humedad. El arranque fue a las 5:00 donde se dieron cita unos 70 corredores, con algunos participantes de gran nivel, como el chileno Enmanuel Acuña (segundo clasificado) o los argentinos Luis Trujillo (ganador) y Nelson Ortega, sin olvidar a mi compañero de entrenos en Zapala, Fede Zamudio (¡finalmente cuarto!). 

Yo llegaba con ganas de dar guerra y con un estado de forma bastante aceptable para hacer un buen papel… aunque lo de ganar estaba complicado desde el principio. Y más que iba a estarlo desde que advertí que las pilas de mi frontal me iba a jugar una mala pasada esa noche. Desde el primer kilómetro comenzó a fallar la luz del frontal, parpadeando como aviso del mal funcionamento y emitiendo una luz lamentablemente débil. Ya no había otra solución que seguir adelante, al menos, hasta que tuviera que abandonar por quedarme a oscuras. Aparte de mi luz, el otro calvario que se combinó en mi contra fue el terreno embarrado y resbaloso. La primera comprobación de que las maltrechas suelas de mis Adidas Supernova Riot 6 me iban a dar más de un disgusto fue con apenas un kilómetro. Al esquivar un charco resbalé y salí desequilibrado lateralmente del camino hasta chocar contra un alambrado de pinchos. Esto solo fue el principio.

La carrera arrancó rápida por el ritmo en punta que marcó el chileno Acuña. Varios le seguían y yo intentaba no perder ese tren. Enseguida me pasaron con sobrada facilidad Ortega y Trujillo que venían conversando como si nada. No pintaba nada bien la carrera cuando empezaron las primeras cuestas, suaves pero continuas y la carrera se fue ordenando un poco. Después pasamos a los senderos técnicos con bajadas en los que me tenía que aprovechar de la luz que emitían los frontales de mis compañeros. Enseguida comenzaron para todos las confusiones con los marcajes y por un momento nos unificamos unos cuantos en la cabeza de carrera. Al poco fui perdiendo la estela de casi todos porque no veía bien para salvar las irregularidades del terreno y acumulé unos cuantos golpes y sustos en reiteradas caídas. Con mucho sufrimiento físico y mental llegué al primer punto de control y asistencia (km 15). El primer tercio de carrera se hizo eterno acumulando más de hora y media corriendo. Desde aquí todo se complicaría más al quedarme en solitario. Andaba posicionado sobre el sexto y sin referencias luminosas por muchos momentos por delante ni por detrás. Para bien o para mal tenía que adaptarme a mi tenue luz y aquí agradecí enormemente los frecuentes entrenos nocturnos que he hecho, a veces con luz gastada y también a oscuras. Con varias caídas más acumuladas pero sin apenas haberme perdido llegué cerca del siguiente punto de control donde confluíamos con la prueba de 42k. Esto supuso más luces de ayuda.

Parecía que no iba a amanecer nunca pero sí. El cielo comenzó a clarear y yo había conseguido resistir en carrera aunque arrastrando dolores de las caídas que me acompañarían el resto del día. A partir del segundo punto de control (km 25) llegó mi momento, con visión normal y en la parte donde el recorrido era en más marcado ascenso. Dolores aparte, estaba bien porque había comido y bebido bien todo el tiempo por lo que me exigí un ritmo fuerte para recuperar terreno. Pasé a algunos corredores (no sabía cuántos porque andábamos mezclados con los de 42k) y tenía buenas sensaciones. Pasado el ecuador de la carrera, en el punto de control del km 35 me dijeron que iba tercero, y el segundo estaba como a diez minutos. Todo era positivo en ese momento y decidí esforzarme para intentar subir posiciones aunque guardando algo de fuerza para el final. Después llegó el momento más difícil y desconcertante de la carrera: me perdí y volví a aparecer en el punto de control del km 35. Aquello fue incomprensible para mí porque no entendía que estaba pasando y nadie de los colaboradores de la organización fue capaz de indicarme correctamente, era como retroceder para atrás. Tras un momento de caos corriendo en varias direcciones me pareció entender por donde tenía que seguir y retomé el itinerario correcto. Volví a la carrera con desconfianza y desconcentrado. Hasta ese punto no me había perdido apenas, a pesar de lo confuso del marcaje en muchos momentos (esto afectó a prácticamente todos los corredores). Fue un momento desmoralizador porque sucedió cuando más encarrilada tenía la carrera y no sabía cuánto tiempo o cuantas posiciones había perdido en el percance. El resto de la carrera se hizo larga y durísima. Primero por buenos caminos para correr (de los que no me gustan) y en la parte final con zonas extraordinariamente embarradas y machacadas por el paso de todas las pruebas (a los de 60k y 42k se sumaban ahora los corredores de 30k y 15k). 

Hasta llegar a meta fue una lucha mental por soportar los dolores y el esfuerzo acumulado y, por supuesto, alguna caída más añadida a la larga cuenta. En la recta previa a meta Rox y la familia de Fede me dieron la grata noticia de que iba tercero así que crucé la línea contento y orgulloso de haber superado la tortuosa y exigente prueba que me había puesto el Frontera Trail de Temuco. Un tercer puesto de la general que me sabe a victoria (segundo podio del año en el segundo ultra). Al momento otra alegría, al ver que el siguiente en llegar fue mi compa Fede. A pesar de no vernos desde el comienzo, porque él salió más tranquilo y fue de menos a más, terminamos con apenas 5 minutos de diferencia. Sin duda esas subidas al Michacheo y vueltas a la Laguna Blanca habían sentado muy bien a nuestras patitas.
Imagen de SoloRuning (album de facebook): José M. Gasca llegando a meta tercer clasificado, con la camiseta del CAU hasta arriba de barro!  

viernes, 12 de agosto de 2016

21 Los Catutos TrailRun

Era la primera edición de esta carrera local de trail, organizada por el grupo de bici de montaña MTB-Zapala en el vecino paraje de Los Catutos, una modesta localidad del departamento de Zapala de gente humilde de campo. Salió bastante bien el evento a pesar del viento extremo que complicó el disfrute de los asistentes, sobre todo después de la carrera, y durante la entrega de premios. En cuanto a la carrera, eran 15 kilómetros por la estepa que rodea la localidad pero conducidos en su mayor parte a través de cómodas pistas de tierra. El comienzo prometía con una entretenida “trepada de los fósiles” (así denominan a un sendero que sube por unas bardas llenas de fósiles de invertebrados marinos, sobre todo ammonites). Para mi desgracia el terreno técnico terminó rápido y el resto fue, casi todo, quemar zapatillas en camino firme, apropiado para que los buenos pisteros se luzcan e impongan su ley. Como yo no soy de esos, la cabeza de carrera la perdí de vista progresivamente hasta acabar el recorrido cómodamente en tierra de nadie, finalizando en torno a los 15 primeros. El mejor aliciente ver en directo de nuevo lo rapidísimo que corre la zapalina Roxana Flores: sin duda hay mucha calidad en esas patas. Para mí fue un buen entreno, de ritmo vivo. Esperemos que sirva de provecho en la siguiente cita deportiva del calendario: ¡Chile, allá vamos!

jueves, 11 de agosto de 2016

20 ¡Por allí resopla!

Difícil resistirse a utilizar la novelesca exclamación cuanto te encuentras frente al espectáculo que brinda la ballena franca austral (Eubalaena australis) en las costas de la provincia de Chubut. Desde el mes de julio (hasta marzo) en el golfo de Puerto Madryn se pueden avistar estos gigantescos bichos de los mares. Es un auténtico espectáculo de la naturaleza que difícilmente se puede transmitir con palabras, y ni siquiera con imágenes. Hay que verlas en directo saltando o aleteando a no más de 300 metros de distancia desde la playa para tomar dimensión del fenómeno. Así que no cuento más, solo recomiendo al que tenga ocasión que se acerque a la playa de El Doradillo a contemplar la naturaleza. A pesar de no ser tan populares como los grandes cetáceos, otros mamíferos que merecen atención son los lobos marinos, apostados a centenares en las playas y acantilados de la península Valdés. Para otra visita más acorde con su calendario quedará la contemplación de otros visitantes estacionales (pingüinos, orcas, delfines…).

miércoles, 10 de agosto de 2016

19 Ciencia en la capital

Como no todo es deporte y ocio, de vez en cuando toca difundir ciencia. El primer evento social paleontológico en el que he participado desde que llegué a la Argentina fueron las Jornadas de Paleontología de Vertebrados (JAVP), celebradas a mediados de mayo en el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, en la ciudad de Buenos Aires. Fue una ocasión excelente para conocer la capital del país, pero sobre todo para conocer su principal museo de ciencias y la extensa y brillante comunidad de paleontólogos vertebristas argentinos. Me impresionó la enorme categoría de participantes que permite reunir un congreso de ámbito nacional y de una especialidad tan específica como la paleontología de vertebrados. Otra anotación positiva fue la de tener la oportunidad de compartir algunos resultados de mis investigación paleontológica previa de España fuera de mi país y ¡en castellano! Era una experiencia inusual para mí, ya que en los pocos congresos extranjeros que asistí fue presentando un poster en inglés. Fue muy gratificante la ocasión de acercar un pedacito del Maestrazgo turolense a otro continente. Aquí el enlace al resumen de mi comunicación oral titulada “La Formación Mirambel: evidencia de un sistema aluvial-lacustre barremiano en el sur de Europa frecuentado por dinosaurios “.

martes, 9 de agosto de 2016

18 La Doble Apolo: mordiendo el polvo en las bardas

Mi regreso a la competición, mes y medio después de cerrar el objetivo principal de la temporada, no fue ni mucho menos plácido. Fue en la Doble Apolo, 28 km de trail por las bardas junto al río Negro, en Paso Córdoba, próximo a General Roca. El trazado era rápido y corretón, y el nivel de participación muy alto, tanto en hombres como en mujeres. Así que fue un día para sufrir. Viento, frío, pinchos y un buen atajo de “galgos” que me devolvieron a la realidad imponiendo un ritmo de carrera imposible para mí. De recompensa una buena tanda de kilómetros para el cuerpo y el tercer puesto en la categoría 35-39 años. De la general un modesto puesto 24. Nota: necesita mejorar.

lunes, 8 de agosto de 2016

17 ¿Qué tal una regata por los Andes?

De mi primera y fugaz visita a Villa Pehuenia me quedé con las ganas de meterme al lago en barquito o canoa, así que me anoto esa tarea pendiente. Villa Pehuenia, a orillas del lago Aluminé, es un lugar destacado del paisaje neuquino. Se halla lindando con Chile y a algo más de 100 kilómetros de Zapala. El acceso es algo complejo por los tramos sin asfaltar del trayecto, ya sea por la vía más directa (por Primeros Pinos) o la que rodea pasando por Laguna Blanca, puerto de Rahue y Aluminé. El lago Aluminé, de contorno serpenteante y rodeado de suaves lomas salpicadas de araucarias, es un lugar idóneo para perderse unos días y desconectar. Sin duda, volveremos.

jueves, 21 de julio de 2016

16 Las primeras nieves

Tardó en llegar pero finalmente la primera gran nevada invernal cubrió las calles de Zapala. Tanto como yo mi primer sueldo, el sector de la nieve aguardaba su llegada con impaciencia y la recompensa no llegó hasta bien entrado julio. Hasta entonces, temperaturas bajas pero sin precipitaciones recientes desde las nevadas tempraneras que ya se habían consumido. La nieve lo cambia a todo, hasta el humor. Tiene una especie de propiedad purificadora. Pasear pisando nieve por calles sin huella es una gozada. Otro atractivo es ver como se desenvuelve la gente en “el circuito de autos”, donde los constantes deslizamientos de ruedas llenan de incertidumbre cualquier cruce. Y después de todo, lo mejor es el paseo en compañía.

viernes, 15 de julio de 2016

15 Migas y polenta, baratas y alimentan

Una rima fácil para titular una vivencia impulsada por la desidia del engranaje burocrático, ese mundo de papeles que complica la existencia gratuitamente a tanta gente y en cualquier parte del mundo. Argentina no iba a ser una excepción sino todo lo contrario, una auténtica prueba de fuego: sobrevivir durante más de tres meses sin haber recibido un solo recibo de sueldo, por gentileza del sistema de tramitación de altas de CONICET. La salvación llegó en el “último minuto” cuando ya apenas quedaba un billete en el bolsillo y con la amenaza de vencimiento de los compromisos de pago del mes en curso. Pero hasta llegar el momento del desahogo, en las semanas previas hubo que ajustar los hábitos y pasarse a la comida de contingencia. Ahí es donde cobró protagonismo la polenta, comida originaria de Italia pero muy popularizada en Argentina por su bajo coste. En su reciente visita a Zapala, Ina me surtió de polenta, entre otras cosas que venían dentro del kit de ayuda especialmente elaborado para la causa. La otra piedra angular de mi alimentación pasaron a ser las migas, una preparación culinaria de origen humilde y que con el tiempo pasó a ser un célebre plato tradicional en muchas regiones de España, como en Aragón. Me encantan las migas y sin embargo he de reconocer que no formaban parte de mi plan rutinario de cocina… hasta ahora.

miércoles, 29 de junio de 2016

14 Laguna Blanca, paraíso vecino

Qué mejor motivo para retomar el hilo de mis aventuras patagónicas que hablar de uno de mis lugares predilectos en estas tierras: Laguna Blanca, a unos 30 km de Zapala. Se trata de un Parque Nacional argentino y no es por casualidad. La magia del lugar no se puede explicar en palabras pero te atrapa desde que te asomas. No es que sea un asiduo al lugar pero sí he estado ya cuatro veces en menos de tres meses. Y las que me quedan, eso sí, después de que arregle el hierrociclo, que terminó claudicando en mi última escapada dominical. De cada visita me ha calado algo: desde el impacto visual del inicio a los avistamientos de aves que medran en sus orillas (aguilucho común o busardo dorsirrojo, chimango, gaviota, flamenco…). En la última ocasión, tuve una instructiva conversación con el guardaparque Rosendo. De ahí aprendí el nombre de los volcanes lindantes y que algunas aves han cambiado sus preferencias por otra laguna chica del entorno por culpa de la intervención antrópica. En los años 60 se sembraron ilegalmente percas y su acción de remoción del fondo ha hecho disminuir la presencia de un alga de la que muchas aves se servían para elaborar sus nidos. Y por eso… pescadores are welcome! Maneras de vivir... [nota: inevitable evocación, es la primera persona que conozco con ese nombre de cantante].

lunes, 6 de junio de 2016

13 El hierrociclo

Las montañas aún quedan lejos, pero al menos dispongo de un medio propio para quedar más cerca de ellas. ¡Es el hierrociclo! Así bauticé a mi chatarra con ruedas que contra todo pronóstico anda después de varios kilómetros. Ahora que mis patas se quejan en cada paso, el hierrociclo me ha servido de gran ayuda para retomar la actividad física mientras recupero el cuerpo de la factura que me dejaron los 100k del ultra trail de la semana previa. Los pesos que gasté en la única bicicleta que pude permitirme al llegar a la Argentina empiezan a estar rentabilizados. En la medida en que me acerca a las pequeñas joyas naturales que se divisan en los alrededores de Zapala gano energía y le agarro cariño a este trasto, siendo consciente que cualquier día me tocará volverme con él a cuestas. Pero no fue ayer.

miércoles, 1 de junio de 2016

12 LA CRÓNICA DEL INDOMIT MENDOZA 100K


El 28 de mayo se disputó la primera edición de la Mendoza Indomit Ultra Trail, con 100 km y unos 4000 m de desnivel positivo en su prueba reina, que salía desde Potrerillos (Luján de Cuyo, provincia de Mendoza, Argentina) a casi 1400 m de altura y llegaba en su cota máxima (Cerro Arenales) a los 3400 m. Ante las condiciones climatológicas adversas (nieve, niebla y frio) la organización decidió realizar pequeñas modificaciones en el recorrido por la seguridad de los participantes quedando en unos 95 km la distancia final resultante.

Era la prueba para la que había estado entrenando todo el año y que “sorprendentemente” terminé ganando. Mentiría si dijera que no me había visualizado por algún momento liderando la carrera, pero la intención realista con la que llegaba era intentar dar lo máximo, disputando desde el comienzo pero con un objetivo más asequible como estar en el top 10 al menos. Esto sin tener noción del nivel competitivo que me iba a encontrar, con las típicas dudas sobre la preparación (¿falta de entrenos técnicos?, ¿suficientes horas de actividad?, ¿pocas competiciones este año?...) aunque con la confianza de que mis patas ya sabían lo que es aguantar 100 kilómetros de carrera en alta montaña.

La carrera arrancaba a las 23:00 desde el Gran Hotel Potrerillos (lugar de largada y llegada). La prehistoria de la carrera también tuvo su enjundia. Sin auto con el que llegar desde mi hostel en las Vegas (15 km valle arriba) hasta la largada, un par de horas antes me dispuse a hacer dedo en mitad de la oscura y húmeda noche. Todo arrancó a la perfección gracias a que dos tipos geniales se cruzaron en mi camino cuando iban buscando algo para cenar y se dieron la vuelta para recogerme. Son Santiago y Pablo, de Buenos Aires, que también habían venido por la carrera, aunque la suya era por la mañana. De camino me preguntaron que si era maño, por mi acento… ¡toma ya! Al vigilante de la entrada del recinto hotelero le pidieron paso diciendo que traían al campeón de la 100k… ¡qué chistosos!

Y comenzó la carrera. Primero 9 km de asfalto de “salida controlada” detrás del auto de la organización. Pero no hubo tregua inicial y el grueso de los 50-60 indómitos iniciales fue formando un reguero de luces cada vez más distanciadas. En la punta de carrera pronto quedamos únicamente cuatro. Este terreno no era el mio y cedí una distancia controlada con los tres primeros. Uno del trio (el angosturino) aflojó al poco, y después di alcance al segundo (el Negro). En cabeza quedó el brasilero en solitario bien distanciado. Salimos del asfalto 2º y 3º juntos para empezar el terreno verdadero de trailrun. A partir de aquí venía un itinerario que atravesaba un arroyo en incontables ocasiones donde te mojabas hasta las rodillas y luego subidas y bajadas continuas a través de un filo. Esta zona técnica ya me iba mejor y tirando fuimos recortando espacio al primero. Aprovechando un pequeño desliz del brasilero con las marcas me situé en cabeza. A mi ritmo después de un rato empecé a comprobar que mis acompañantes tenían problemas para seguirme así que me mantuve constante y concentrado. A partir de aquí (km 20?) el resto de mi carrera sería en cabeza en solitario. Fui ampliando distancia mientras espantaba con palmas a los caballos que se interponían tozudamente en el trazado. La niebla era densa y mojaba, y todavía se espesaría más en el tramo de bajada hacia el primer punto de asistencia (PAS) de la carrera, sobre el km 30. Bien guarecido aguardaba el numeroso personal de la organización en el PAS de las Vegas. Me cantaron que llevaba detrás al brasilero a dos minutos, así que después de rellenar líquido y tomar un buen caldo emprendí la marcha al momento. Nada más salir, aun en zona urbana, tuve el único problema serio para seguir la marcación, equivocándome de calle en una bifurcación. Gracias a la intervención rápida de la organización no fueron demasiados metros extra los que recorrí hasta encauzarme de nuevo.

Siguió una zona de senda y monte a través hasta llegar a un camino de tierra. Esta parte de la carrera empezó a ponerse dura para mí. El camino era tendido hacia arriba, ganando altura progresivamente (desde las Vegas ya estábamos por encima de los 2000 metros de altura) y pronto el paisaje se veía nevado. Más altura, más frio, pero a cambio mejoraba la visibilidad porque la niebla quedaba más baja. Este para mí fue el punto crítico de la carrera. Era un terreno corredor en el que me costaba mantener un ritmo consistente y por detrás veía dos luces que me pareció tener cada vez más cerca.

Por suerte no se acercaron lo suficiente al finalizar el tramo y de aquí se pasó a un terreno técnico lleno de maleza punzante y bastante nevado, que tendía en bajada. Aquí todo cambió. Me di cuenta que había roto la carrera porque tuve una visión amplia de la montaña por la que descendía y no había rastros luminosos siguiéndome. Con una ventaja indeterminada, pero consciente de que no podía desaprovechar esta oportunidad, comenzó el larguísimo ascenso hasta el PAS Vallecitos (a 3000 metros de altura, y sobre el km 50 y pico). El acceso era a través de un camino de tierra firme para autos. Primero, tendido y corretón, luego formando caracoles o revueltas que remontaban altura bruscamente.

A Vallecitos (antiguo centro invernal y hospedaje desde donde practicar el andinismo) llegué bien de fuerzas y con una ventaja que luego sabría que fue de un cuarto de hora. En ese momento experimentaba la máxima sensación de frío que tendría durante la carrera porque traía las zapatillas congeladas. Tuve que estar un buen rato al fuego para poder desatar los cordones que estaban tiesos. Aquí, buen avituallamiento y acceso al equipo obligatorio para acometer el tramo de alta montaña que llevaría hasta el cerro Arenales, a 3.400m, que era el techo de la prueba. Recibí toda la atención del mundo, ayudándome con el cambio de material y el aprovisionamiento, me hicieron el control de material (casco, botiquín, manta térmica, campera con capucha, buzo de micropolar…) y recibí las instrucciones pertinentes para continuar con seguridad en la parte más comprometida de la prueba. Tras unos 10 minutos de parada, arranqué el ascenso a la cima acompañado del cámara de la organización. La subida se hacía por una montaña totalmente nevada, pero con nieve polvo y una huella bien marcada. Fui conservador y avancé con seguridad pero sin gastar en exceso. Iba concentrado en no caerme y pensando en todo lo que me quedaba por delante, por lo que no me importaba incluso perder algo de tiempo. La llegada a cima coincidiría con el amanecer. La vuelta a Vallecitos fue sin contratiempos.

Quedaba una larga carrera (casi 40 km aun) en solitario con un perfil claramente en descenso y ya con luz diurna. Se trataba ahora de mantener un ritmo consistente que me permitiera mantener la ventaja pero siendo capaz de llegar a meta… ¿lo conseguiría? Mantuve la concentración todo el tiempo, estaba contento de no haber tenido ningún percance físico hasta el momento (una caída en el río a más de 3000 metros de altitud y metiéndome en el agua hasta la cintura no cuenta) y conservaba fuerzas a pesar de que arrastraba algunas molestias musculares. El tramo de carrera hasta el último PAS (El Salto), a 17 km de meta, se hizo muy largo, mentalizándome constantemente de que no podía desaprovechar la oportunidad y luchando continuamente contra las ganas de parar de correr y ponerme a andar. Desde Vallecitos ya no tuve ninguna referencia sobre los siguientes corredores, así que la incertidumbre sobre si mantenía o disminuía la ventaja fue constante y no paraba de mirar atrás con cierto temor. 

La parte final de la carrera ya fue más llevadera por el tipo de terreno (más técnico) y por la cercanía de la meta. Como colofón final la organización había diseñado la subida al cocodrilo, un montecito a 5 km de meta que muchos maldijeron, aunque a mí no me disgustaba a priori. El descenso del cocodrilo terminó por dejarme el tibial izquierdo “rusiente” y el resto de kilómetros hasta llegar al Gran Hotel me tocaría hacerlos renqueando. En la parte final tuve constancia de que por detrás nadie había comenzado aún el ascenso al cocodrilo así que pude disfrutar y deleitarme en la llegada, sabiéndome ganador, aunque fuese a rastras. El recibimiento en meta fue espectacular. Jamás imaginé algo así. Finalmente me queda mucha satisfacción y mucho agradecimiento por todo el cariño y apoyo recibido. Fueron 13 horas y 41 minutos de carrera para guardar en el recuerdo. Después vi en la clasificación que le saqué más de una hora al segundo (negro Doheijo) y me dijeron que me adelanté en media hora a los cálculos de la organización… ¡waaas!


- Mira Pancho estos crazy-runners el mal que están dando todo el fin de semana. Y ahora después de la premiación haciendose selfis para subir a sus redes sociales.
- ¿Viste? Ché y… ¿quien ganó?
- ¡Pues un maño! ...José M. Gasca (del CAU: Club Alpino Universitario, Zaragoza, España).
-¿Y vino desde España a correr?
- No que por lo visto está viviendo en la Argentina. Vino desde Zapala, Neuquén.
- Este.. guau.

ENLACE A VIDEO REPORTAJE SOBRE LA CARRERA REALIZADO POR TMX TEAM

miércoles, 11 de mayo de 2016

11 El circuito de autos

No sería capaz de aventurar la media de edad del parque automovilístico en Patagonia. La foto fija de una calle aleatoria no sería representativa, pero en alguna conseguí captar una colección de vehículos imposible de ver en Europa occidental como no fuese retrocediendo treinta años (omitiendo modelos de distribución exclusiva en América). La imagen visual puede resultar llamativa pero al margen de eso, a mí me causó todavía más sorpresa la cantidad de desplazamientos motorizados que se realizan dentro de la ciudad. Da igual la hora, siempre se escucha tráfico, y puede imaginarse que muchas de las joyas que pasan por mi puerta no son precisamente silenciosas. Tres semanas al menos fue lo que tardé en acostumbrarme a vivir dentro de un circuito de autos sin hora de cierre.

lunes, 9 de mayo de 2016

10 Me quedé

Cuenta la mitología local que “si subís al cerro Michacheo te quedás en Zapala para siempre”. Pensaba que era el único gallego de la ciudad, pero conocí a una familia de españoles procedentes de Tarragona que llevan 10 años viviendo en Zapala. Me contaron que habían subido al Michacheo en su primera semana. No he dejado de acumular kilómetros de entreno desde que aterricé en Argentina. Pero la tipología del terreno imponía una monotonía peligrosa en mis sesiones que me preocupaba cada vez más ante la carencia de cuestas. De mis incursiones iniciáticas en Zapala, via Google Earth, había adivinado la presencia próxima de un pequeño cerrito de forma cónica. Sobre el terreno lo había divisado de lejos y, al poco, me decidí a buscar el acceso a esta elevación, que destaca sobre los mallines* de la hondonada que limita Zapala por el noreste [*mallín=zona con vegetación propia de sustratos saturados de agua]. Una ladera rocosa y empinada ideal para entrenar subidas y bajadas a diario y, por supuesto, una vista privilegiada la que ofrece la cima del Michacheo. Lo del dicho popular me lo contaron después…

viernes, 6 de mayo de 2016

9 El superclásico

No me lo podía perder. Ese fin de semana coincidía una concatenación de derbis futbolísticos de entre los que destacaba el superclásico del futbol argentino: Boca Juniors-River Plate, en la Bombonera. A esas alturas todavía no me había posicionado hacia un color a pesar de que me habían advertido de que era mandatorio tomar partido por una hinchada. Era importante definirse para adaptar la reacción al gol que viniese en la cancha. En el Chancho Rengo había variedad de insignias en las remeras (=camisetas) de los parroquianos telespectadores. Tenía curiosidad por experimentar la atmósfera futbolera de Argentina en plena efervescencia. Pero el primer gol nunca llegó. Sin pretender ser malote, la ausencia de goles se entiende mejor si resulta que una de las figuras destacadas del partido era un viejo conocido de la afición zaragocista de dudoso recuerdo: el cabezón Andrés D´Alessandro. Una lástima, en cambio, no haber visto a Leo Ponzio en juego. Menos mal que al otro lado del charco el Zaragoza ganó para acercarse a puestos de ascenso.

martes, 3 de mayo de 2016

8 Araucanos

Araucanos llamaban a los nativos de la región, lugareños englobados dentro de la cultura mapuche. Pensé que les cae bien el nombre después de haber visto esos árboles milenarios y singulares de igual raíz: las araucarias. Yo las había visto de jardín, pero al contemplarlas en su entorno natural en un día de niebla espesa parecen estar colocadas para un decorado de cuento. Mario, compañero del museo, se erigió como guía local para acercarme hasta esta flora extraordinaria que brota a unos kilómetros de Zapala, en un paraje que se llama Primeros Pinos. Cambiando a modo naturalista on, las araucarias son coníferas con una distribución muy restringida. La especie de aquí, Araucaria araucana, es endémica y se encuentra formando parte de bosque relictos. Por cierto, las “piñas” de la araucaria se comen, después de ser hervidas durante las horas suficientes. En sabor, son lo más parecido a una bellota que podría imaginar.

lunes, 2 de mayo de 2016

7 El Chancho Rengo

Los comienzos en Zapala estuvieron marcados por la sucesión de novedades y retos: nuevos compañeros, nuevo lugar de trabajo, búsqueda de vivienda, etc. Para lo único que no me había preparado era para la incomunicación. Casualmente, coincidente con mi llegada el internet falló en el museo de ciencias naturales cada día. Además mi espacioso despacho para investigación paleontológica se ubicaba en una curiosa zona de sombra para la señal wifi. Así que el Chancho Rengo, un apañadito establecimiento céntrico, se convirtió en mi oasis de conexión virtual y en el lugar predilecto para mi venerado coffee-time. Durante la primera semana zapalina, entre otras cosas, tomé conciencia de mi necesidad por la red y por el buen café. Puedo adelantar que ambas facetas mejoraron con los días: el wifi mediante un milagroso aparatito repetidor y la adicción al café con un sustitutivo matinal soluble.

viernes, 29 de abril de 2016

6 Road to Zapala

Una semana en el nuevo continente pero todavía no había llegado a mi punto de destino final. Una sensación de ansiedad me acompañó en ese dilatado trayecto entre las escalerillas del avión que me dejó en Neuquén y el colectivo (=autobús) que me alcanzaría hasta Zapala. He de reconocer que la semana de “aclimatación” a orillas del río Negro me vino muy bien, pero era demasiada la expectación interior por saber cómo demonios era realmente mi ciudad de residencia para los próximos dos años. En el preámbulo a mi viaje final por carretera había tenido ocasión de recolectar numerosas opiniones sobre ella. Mi síntesis de la visión ajena sobre Zapala sería la de una ciudad “áspera” en medio de la inmensa estepa patagónica, asolada por vientos huracanados, y con un ritmo de vida particular: un tempo pausado, propio de una población hastiada por el aislamiento del resto del mundo. Todo eso y, por supuesto que no falten, ¡capitanas rodando por las calles! Mi rayito de esperanza era su enclave, al pie de las montañas y portal de entrada hacia parajes andinos con gran atractivo. Así que mi principal preocupación mientras se consumían los kilómetros era empezar a divisar relieves en el horizonte desde mi asiento en primera fila de lo alto del colectivo. A los lados, tras el vallado continuo de alambres, solo llanuras esteparias sin final. Al tiempo empezó a ser frecuente la presencia de aparataje para el bombeo mecánico de petróleo, algo que no había tenido ocasión de ver nunca antes. Y después de dejar Plaza Huincul y Cutral Có lo siguiente civilizado en llegar tenía que ser Zapala. Con la hora prevista de llegada ya superada y a decenas escasas de kilómetros, siluetas montañosas iban cobrando forma en la distancia. Just arrived!

miércoles, 27 de abril de 2016

5 Paso Córdoba

Mi primer entreno largo en Argentina me llevó hasta un lugar digno de mención. A menos de dos meses de mi principal objetivo deportivo de la temporada, un ultra trail de 100 kilómetros, no puede haber tregua. Aunque no soy de seguir un plan a rajatabla, sí que hay unos hitos en la preparación que considero ineludibles si no se quiere comprometer todo el esfuerzo invertido. Así que entre mates, cervezas artesanas y milanesas había que darle espacio al correr. Unos 14 kilómetros de ruta totalmente plana separan a General Roca de Paso Córdoba, en el río Negro. Pero ahí empieza lo bueno: senderos por la ribera fluvial, senderos sinuosos al pie de las Bardas y finalmente, no menos importante, un paraje habilitado para el baño y para hacer asados. Casi todo lo que uno podía desear en un lindo día de otoño con tintes estivales. Ese día tocó chancho (=cerdo) asado por cortesía de Ina y Romina. Si me ve mi padre me habría dicho: ¡ya puedes correr, ya!

lunes, 25 de abril de 2016

4 Dinosaurios en el desierto

Llegó mi primer día de excavación en Patagonia. Llevaba tiempo imaginando este escenario. La postal encajaba a la perfección con lo que había recreado. Inmensos eriales con maleza tozuda que se aferra a un sustrato polvoriento y barrancos secos dibujados en el relieve monótono de blancos en el alto y rojos en el pie. Son las Bardas de la margen derecha del río Negro, con el Mioceno subhorizontal que destaca como relieve estructural y el Mesozoico infrayacente, que se trata de sedimentos cretácicos de origen eólico. A uno de estos afloramientos fosilíferos en los rojos del desierto me llevaron a picar. Fue con equipo del CONICET de General Roca y con Leo Salgado como jefe de excavación, a la sazón mi director de beca posdoctoral. 

Era el primer día de campaña en un yacimiento en el que habían delimitado unas vertebritas de dinosaurio saurópodo el año anterior. Entre las acciones del día destacaría, por novedosas para mí, lo de tomar mates y facturas (=dulces) en el campo y después tomar chorizos criollos pasándolos con vino de Humberto Canale. Pero mi recompensa del día, indudablemente vino en forma de revelación geológica: jamás había visto en directo semejantes depósitos eólicos, con dunas fósiles que preservaban estratificaciones cruzadas de elevado ángulo y unas cuantas apreciaciones más que apenas pude asimilar durante el trayecto en camioneta fuera de pista, por el fondo de un barranco que sirve de acceso al yacimiento paleontológico. Lo de los fósiles de dinosaurio ya era otro tema aparte. El yacimiento no apunta como protagonista de portada de National Geographic pero tiene el honor de ser la primera entrada paleontológica de trails&dinos.

jueves, 21 de abril de 2016

3 Vasito con soda

En efecto el mismo idioma, sin embargo los matices abruman al recién llegado. Por suerte la mía tuve un buen mentor que me acompaño en mis primeros pasitos. Ina, el vasco patagónico, ya se mueve como pez en el agua por estos saraos y a mí solo me toca tomar buena nota y meter algún acento de acá cuando se tercia la ocasión. Las novedades aparecen a cada paso: perros de la calle, gomerías, fiambrerías, modelos Renault11 circulando, camionetas Dodge que se arrancan abriendo el capó para prender llama… Y aquí el café no lo toman con frecuencia, pero te lo sirven con un vasito de soda.

martes, 19 de abril de 2016

2 Veranillo


Los primeros mates fueron a orillas del río Negro. Con más sauces y pájaros ruidosos, pero el de acá en algo me resulta familiar. Por su curso meandriforme y los guijarros bajo los pies parecería que estoy pasando una tarde en un soto del Ebro. Pero aquí el dominguero lleva camiseta de River y los “negronautas” llevan termo en la piragua. Según mi impresión, aquí se vive el río incluso más. Antes de subir a la estepa zapalina, los primeros días los pasé en tierras más bajas entre Neuquén y General Roca. Coincidieron con un confort climático que allí tendría su símil en el último calorcito estival de septiembre, el que popularmente se denomina veranillo de San Miguel. Considero un regalo poder lucir sandalias después de haber asimilado que este año yo no iba a tener verano.

lunes, 18 de abril de 2016

1 Sobre Patagonia

Y finalmente sobrevolando Patagonia. Prácticamente un año desde el final de la tesis doctoral y atrás quedaron pasajes de vida espartana, una dilatada espera y, por último, una despedida muy difícil. Lo más apreciado ahora precisamente pasa más factura. Inevitablemente, es difícil desgajarse del arraigo a tu mundo para salir a un escenario vacío, pero es el comienzo de una historia distinta en el nuevo mundo. De lo que venga en adelante trata este cuento: un maño que se marcha al otro hemisferio para seguir estudiando dinosaurios y mientras tanto correr por todos los senderos y montañas que le dejen. Aunque España y Argentina quedan lejos, compartir mis aventuras patagónicas es la mejor conexión entre allí y acá. Aquí empieza “trails & dinos”.