viernes, 29 de abril de 2016

6 Road to Zapala

Una semana en el nuevo continente pero todavía no había llegado a mi punto de destino final. Una sensación de ansiedad me acompañó en ese dilatado trayecto entre las escalerillas del avión que me dejó en Neuquén y el colectivo (=autobús) que me alcanzaría hasta Zapala. He de reconocer que la semana de “aclimatación” a orillas del río Negro me vino muy bien, pero era demasiada la expectación interior por saber cómo demonios era realmente mi ciudad de residencia para los próximos dos años. En el preámbulo a mi viaje final por carretera había tenido ocasión de recolectar numerosas opiniones sobre ella. Mi síntesis de la visión ajena sobre Zapala sería la de una ciudad “áspera” en medio de la inmensa estepa patagónica, asolada por vientos huracanados, y con un ritmo de vida particular: un tempo pausado, propio de una población hastiada por el aislamiento del resto del mundo. Todo eso y, por supuesto que no falten, ¡capitanas rodando por las calles! Mi rayito de esperanza era su enclave, al pie de las montañas y portal de entrada hacia parajes andinos con gran atractivo. Así que mi principal preocupación mientras se consumían los kilómetros era empezar a divisar relieves en el horizonte desde mi asiento en primera fila de lo alto del colectivo. A los lados, tras el vallado continuo de alambres, solo llanuras esteparias sin final. Al tiempo empezó a ser frecuente la presencia de aparataje para el bombeo mecánico de petróleo, algo que no había tenido ocasión de ver nunca antes. Y después de dejar Plaza Huincul y Cutral Có lo siguiente civilizado en llegar tenía que ser Zapala. Con la hora prevista de llegada ya superada y a decenas escasas de kilómetros, siluetas montañosas iban cobrando forma en la distancia. Just arrived!

miércoles, 27 de abril de 2016

5 Paso Córdoba

Mi primer entreno largo en Argentina me llevó hasta un lugar digno de mención. A menos de dos meses de mi principal objetivo deportivo de la temporada, un ultra trail de 100 kilómetros, no puede haber tregua. Aunque no soy de seguir un plan a rajatabla, sí que hay unos hitos en la preparación que considero ineludibles si no se quiere comprometer todo el esfuerzo invertido. Así que entre mates, cervezas artesanas y milanesas había que darle espacio al correr. Unos 14 kilómetros de ruta totalmente plana separan a General Roca de Paso Córdoba, en el río Negro. Pero ahí empieza lo bueno: senderos por la ribera fluvial, senderos sinuosos al pie de las Bardas y finalmente, no menos importante, un paraje habilitado para el baño y para hacer asados. Casi todo lo que uno podía desear en un lindo día de otoño con tintes estivales. Ese día tocó chancho (=cerdo) asado por cortesía de Ina y Romina. Si me ve mi padre me habría dicho: ¡ya puedes correr, ya!

lunes, 25 de abril de 2016

4 Dinosaurios en el desierto

Llegó mi primer día de excavación en Patagonia. Llevaba tiempo imaginando este escenario. La postal encajaba a la perfección con lo que había recreado. Inmensos eriales con maleza tozuda que se aferra a un sustrato polvoriento y barrancos secos dibujados en el relieve monótono de blancos en el alto y rojos en el pie. Son las Bardas de la margen derecha del río Negro, con el Mioceno subhorizontal que destaca como relieve estructural y el Mesozoico infrayacente, que se trata de sedimentos cretácicos de origen eólico. A uno de estos afloramientos fosilíferos en los rojos del desierto me llevaron a picar. Fue con equipo del CONICET de General Roca y con Leo Salgado como jefe de excavación, a la sazón mi director de beca posdoctoral. 

Era el primer día de campaña en un yacimiento en el que habían delimitado unas vertebritas de dinosaurio saurópodo el año anterior. Entre las acciones del día destacaría, por novedosas para mí, lo de tomar mates y facturas (=dulces) en el campo y después tomar chorizos criollos pasándolos con vino de Humberto Canale. Pero mi recompensa del día, indudablemente vino en forma de revelación geológica: jamás había visto en directo semejantes depósitos eólicos, con dunas fósiles que preservaban estratificaciones cruzadas de elevado ángulo y unas cuantas apreciaciones más que apenas pude asimilar durante el trayecto en camioneta fuera de pista, por el fondo de un barranco que sirve de acceso al yacimiento paleontológico. Lo de los fósiles de dinosaurio ya era otro tema aparte. El yacimiento no apunta como protagonista de portada de National Geographic pero tiene el honor de ser la primera entrada paleontológica de trails&dinos.

jueves, 21 de abril de 2016

3 Vasito con soda

En efecto el mismo idioma, sin embargo los matices abruman al recién llegado. Por suerte la mía tuve un buen mentor que me acompaño en mis primeros pasitos. Ina, el vasco patagónico, ya se mueve como pez en el agua por estos saraos y a mí solo me toca tomar buena nota y meter algún acento de acá cuando se tercia la ocasión. Las novedades aparecen a cada paso: perros de la calle, gomerías, fiambrerías, modelos Renault11 circulando, camionetas Dodge que se arrancan abriendo el capó para prender llama… Y aquí el café no lo toman con frecuencia, pero te lo sirven con un vasito de soda.

martes, 19 de abril de 2016

2 Veranillo


Los primeros mates fueron a orillas del río Negro. Con más sauces y pájaros ruidosos, pero el de acá en algo me resulta familiar. Por su curso meandriforme y los guijarros bajo los pies parecería que estoy pasando una tarde en un soto del Ebro. Pero aquí el dominguero lleva camiseta de River y los “negronautas” llevan termo en la piragua. Según mi impresión, aquí se vive el río incluso más. Antes de subir a la estepa zapalina, los primeros días los pasé en tierras más bajas entre Neuquén y General Roca. Coincidieron con un confort climático que allí tendría su símil en el último calorcito estival de septiembre, el que popularmente se denomina veranillo de San Miguel. Considero un regalo poder lucir sandalias después de haber asimilado que este año yo no iba a tener verano.

lunes, 18 de abril de 2016

1 Sobre Patagonia

Y finalmente sobrevolando Patagonia. Prácticamente un año desde el final de la tesis doctoral y atrás quedaron pasajes de vida espartana, una dilatada espera y, por último, una despedida muy difícil. Lo más apreciado ahora precisamente pasa más factura. Inevitablemente, es difícil desgajarse del arraigo a tu mundo para salir a un escenario vacío, pero es el comienzo de una historia distinta en el nuevo mundo. De lo que venga en adelante trata este cuento: un maño que se marcha al otro hemisferio para seguir estudiando dinosaurios y mientras tanto correr por todos los senderos y montañas que le dejen. Aunque España y Argentina quedan lejos, compartir mis aventuras patagónicas es la mejor conexión entre allí y acá. Aquí empieza “trails & dinos”.