martes, 19 de abril de 2016

2 Veranillo


Los primeros mates fueron a orillas del río Negro. Con más sauces y pájaros ruidosos, pero el de acá en algo me resulta familiar. Por su curso meandriforme y los guijarros bajo los pies parecería que estoy pasando una tarde en un soto del Ebro. Pero aquí el dominguero lleva camiseta de River y los “negronautas” llevan termo en la piragua. Según mi impresión, aquí se vive el río incluso más. Antes de subir a la estepa zapalina, los primeros días los pasé en tierras más bajas entre Neuquén y General Roca. Coincidieron con un confort climático que allí tendría su símil en el último calorcito estival de septiembre, el que popularmente se denomina veranillo de San Miguel. Considero un regalo poder lucir sandalias después de haber asimilado que este año yo no iba a tener verano.

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