miércoles, 1 de junio de 2016

12 LA CRÓNICA DEL INDOMIT MENDOZA 100K


El 28 de mayo se disputó la primera edición de la Mendoza Indomit Ultra Trail, con 100 km y unos 4000 m de desnivel positivo en su prueba reina, que salía desde Potrerillos (Luján de Cuyo, provincia de Mendoza, Argentina) a casi 1400 m de altura y llegaba en su cota máxima (Cerro Arenales) a los 3400 m. Ante las condiciones climatológicas adversas (nieve, niebla y frio) la organización decidió realizar pequeñas modificaciones en el recorrido por la seguridad de los participantes quedando en unos 95 km la distancia final resultante.

Era la prueba para la que había estado entrenando todo el año y que “sorprendentemente” terminé ganando. Mentiría si dijera que no me había visualizado por algún momento liderando la carrera, pero la intención realista con la que llegaba era intentar dar lo máximo, disputando desde el comienzo pero con un objetivo más asequible como estar en el top 10 al menos. Esto sin tener noción del nivel competitivo que me iba a encontrar, con las típicas dudas sobre la preparación (¿falta de entrenos técnicos?, ¿suficientes horas de actividad?, ¿pocas competiciones este año?...) aunque con la confianza de que mis patas ya sabían lo que es aguantar 100 kilómetros de carrera en alta montaña.

La carrera arrancaba a las 23:00 desde el Gran Hotel Potrerillos (lugar de largada y llegada). La prehistoria de la carrera también tuvo su enjundia. Sin auto con el que llegar desde mi hostel en las Vegas (15 km valle arriba) hasta la largada, un par de horas antes me dispuse a hacer dedo en mitad de la oscura y húmeda noche. Todo arrancó a la perfección gracias a que dos tipos geniales se cruzaron en mi camino cuando iban buscando algo para cenar y se dieron la vuelta para recogerme. Son Santiago y Pablo, de Buenos Aires, que también habían venido por la carrera, aunque la suya era por la mañana. De camino me preguntaron que si era maño, por mi acento… ¡toma ya! Al vigilante de la entrada del recinto hotelero le pidieron paso diciendo que traían al campeón de la 100k… ¡qué chistosos!

Y comenzó la carrera. Primero 9 km de asfalto de “salida controlada” detrás del auto de la organización. Pero no hubo tregua inicial y el grueso de los 50-60 indómitos iniciales fue formando un reguero de luces cada vez más distanciadas. En la punta de carrera pronto quedamos únicamente cuatro. Este terreno no era el mio y cedí una distancia controlada con los tres primeros. Uno del trio (el angosturino) aflojó al poco, y después di alcance al segundo (el Negro). En cabeza quedó el brasilero en solitario bien distanciado. Salimos del asfalto 2º y 3º juntos para empezar el terreno verdadero de trailrun. A partir de aquí venía un itinerario que atravesaba un arroyo en incontables ocasiones donde te mojabas hasta las rodillas y luego subidas y bajadas continuas a través de un filo. Esta zona técnica ya me iba mejor y tirando fuimos recortando espacio al primero. Aprovechando un pequeño desliz del brasilero con las marcas me situé en cabeza. A mi ritmo después de un rato empecé a comprobar que mis acompañantes tenían problemas para seguirme así que me mantuve constante y concentrado. A partir de aquí (km 20?) el resto de mi carrera sería en cabeza en solitario. Fui ampliando distancia mientras espantaba con palmas a los caballos que se interponían tozudamente en el trazado. La niebla era densa y mojaba, y todavía se espesaría más en el tramo de bajada hacia el primer punto de asistencia (PAS) de la carrera, sobre el km 30. Bien guarecido aguardaba el numeroso personal de la organización en el PAS de las Vegas. Me cantaron que llevaba detrás al brasilero a dos minutos, así que después de rellenar líquido y tomar un buen caldo emprendí la marcha al momento. Nada más salir, aun en zona urbana, tuve el único problema serio para seguir la marcación, equivocándome de calle en una bifurcación. Gracias a la intervención rápida de la organización no fueron demasiados metros extra los que recorrí hasta encauzarme de nuevo.

Siguió una zona de senda y monte a través hasta llegar a un camino de tierra. Esta parte de la carrera empezó a ponerse dura para mí. El camino era tendido hacia arriba, ganando altura progresivamente (desde las Vegas ya estábamos por encima de los 2000 metros de altura) y pronto el paisaje se veía nevado. Más altura, más frio, pero a cambio mejoraba la visibilidad porque la niebla quedaba más baja. Este para mí fue el punto crítico de la carrera. Era un terreno corredor en el que me costaba mantener un ritmo consistente y por detrás veía dos luces que me pareció tener cada vez más cerca.

Por suerte no se acercaron lo suficiente al finalizar el tramo y de aquí se pasó a un terreno técnico lleno de maleza punzante y bastante nevado, que tendía en bajada. Aquí todo cambió. Me di cuenta que había roto la carrera porque tuve una visión amplia de la montaña por la que descendía y no había rastros luminosos siguiéndome. Con una ventaja indeterminada, pero consciente de que no podía desaprovechar esta oportunidad, comenzó el larguísimo ascenso hasta el PAS Vallecitos (a 3000 metros de altura, y sobre el km 50 y pico). El acceso era a través de un camino de tierra firme para autos. Primero, tendido y corretón, luego formando caracoles o revueltas que remontaban altura bruscamente.

A Vallecitos (antiguo centro invernal y hospedaje desde donde practicar el andinismo) llegué bien de fuerzas y con una ventaja que luego sabría que fue de un cuarto de hora. En ese momento experimentaba la máxima sensación de frío que tendría durante la carrera porque traía las zapatillas congeladas. Tuve que estar un buen rato al fuego para poder desatar los cordones que estaban tiesos. Aquí, buen avituallamiento y acceso al equipo obligatorio para acometer el tramo de alta montaña que llevaría hasta el cerro Arenales, a 3.400m, que era el techo de la prueba. Recibí toda la atención del mundo, ayudándome con el cambio de material y el aprovisionamiento, me hicieron el control de material (casco, botiquín, manta térmica, campera con capucha, buzo de micropolar…) y recibí las instrucciones pertinentes para continuar con seguridad en la parte más comprometida de la prueba. Tras unos 10 minutos de parada, arranqué el ascenso a la cima acompañado del cámara de la organización. La subida se hacía por una montaña totalmente nevada, pero con nieve polvo y una huella bien marcada. Fui conservador y avancé con seguridad pero sin gastar en exceso. Iba concentrado en no caerme y pensando en todo lo que me quedaba por delante, por lo que no me importaba incluso perder algo de tiempo. La llegada a cima coincidiría con el amanecer. La vuelta a Vallecitos fue sin contratiempos.

Quedaba una larga carrera (casi 40 km aun) en solitario con un perfil claramente en descenso y ya con luz diurna. Se trataba ahora de mantener un ritmo consistente que me permitiera mantener la ventaja pero siendo capaz de llegar a meta… ¿lo conseguiría? Mantuve la concentración todo el tiempo, estaba contento de no haber tenido ningún percance físico hasta el momento (una caída en el río a más de 3000 metros de altitud y metiéndome en el agua hasta la cintura no cuenta) y conservaba fuerzas a pesar de que arrastraba algunas molestias musculares. El tramo de carrera hasta el último PAS (El Salto), a 17 km de meta, se hizo muy largo, mentalizándome constantemente de que no podía desaprovechar la oportunidad y luchando continuamente contra las ganas de parar de correr y ponerme a andar. Desde Vallecitos ya no tuve ninguna referencia sobre los siguientes corredores, así que la incertidumbre sobre si mantenía o disminuía la ventaja fue constante y no paraba de mirar atrás con cierto temor. 

La parte final de la carrera ya fue más llevadera por el tipo de terreno (más técnico) y por la cercanía de la meta. Como colofón final la organización había diseñado la subida al cocodrilo, un montecito a 5 km de meta que muchos maldijeron, aunque a mí no me disgustaba a priori. El descenso del cocodrilo terminó por dejarme el tibial izquierdo “rusiente” y el resto de kilómetros hasta llegar al Gran Hotel me tocaría hacerlos renqueando. En la parte final tuve constancia de que por detrás nadie había comenzado aún el ascenso al cocodrilo así que pude disfrutar y deleitarme en la llegada, sabiéndome ganador, aunque fuese a rastras. El recibimiento en meta fue espectacular. Jamás imaginé algo así. Finalmente me queda mucha satisfacción y mucho agradecimiento por todo el cariño y apoyo recibido. Fueron 13 horas y 41 minutos de carrera para guardar en el recuerdo. Después vi en la clasificación que le saqué más de una hora al segundo (negro Doheijo) y me dijeron que me adelanté en media hora a los cálculos de la organización… ¡waaas!


- Mira Pancho estos crazy-runners el mal que están dando todo el fin de semana. Y ahora después de la premiación haciendose selfis para subir a sus redes sociales.
- ¿Viste? Ché y… ¿quien ganó?
- ¡Pues un maño! ...José M. Gasca (del CAU: Club Alpino Universitario, Zaragoza, España).
-¿Y vino desde España a correr?
- No que por lo visto está viviendo en la Argentina. Vino desde Zapala, Neuquén.
- Este.. guau.

ENLACE A VIDEO REPORTAJE SOBRE LA CARRERA REALIZADO POR TMX TEAM

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