miércoles, 29 de junio de 2016

14 Laguna Blanca, paraíso vecino

Qué mejor motivo para retomar el hilo de mis aventuras patagónicas que hablar de uno de mis lugares predilectos en estas tierras: Laguna Blanca, a unos 30 km de Zapala. Se trata de un Parque Nacional argentino y no es por casualidad. La magia del lugar no se puede explicar en palabras pero te atrapa desde que te asomas. No es que sea un asiduo al lugar pero sí he estado ya cuatro veces en menos de tres meses. Y las que me quedan, eso sí, después de que arregle el hierrociclo, que terminó claudicando en mi última escapada dominical. De cada visita me ha calado algo: desde el impacto visual del inicio a los avistamientos de aves que medran en sus orillas (aguilucho común o busardo dorsirrojo, chimango, gaviota, flamenco…). En la última ocasión, tuve una instructiva conversación con el guardaparque Rosendo. De ahí aprendí el nombre de los volcanes lindantes y que algunas aves han cambiado sus preferencias por otra laguna chica del entorno por culpa de la intervención antrópica. En los años 60 se sembraron ilegalmente percas y su acción de remoción del fondo ha hecho disminuir la presencia de un alga de la que muchas aves se servían para elaborar sus nidos. Y por eso… pescadores are welcome! Maneras de vivir... [nota: inevitable evocación, es la primera persona que conozco con ese nombre de cantante].

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