viernes, 15 de julio de 2016

15 Migas y polenta, baratas y alimentan

Una rima fácil para titular una vivencia impulsada por la desidia del engranaje burocrático, ese mundo de papeles que complica la existencia gratuitamente a tanta gente y en cualquier parte del mundo. Argentina no iba a ser una excepción sino todo lo contrario, una auténtica prueba de fuego: sobrevivir durante más de tres meses sin haber recibido un solo recibo de sueldo, por gentileza del sistema de tramitación de altas de CONICET. La salvación llegó en el “último minuto” cuando ya apenas quedaba un billete en el bolsillo y con la amenaza de vencimiento de los compromisos de pago del mes en curso. Pero hasta llegar el momento del desahogo, en las semanas previas hubo que ajustar los hábitos y pasarse a la comida de contingencia. Ahí es donde cobró protagonismo la polenta, comida originaria de Italia pero muy popularizada en Argentina por su bajo coste. En su reciente visita a Zapala, Ina me surtió de polenta, entre otras cosas que venían dentro del kit de ayuda especialmente elaborado para la causa. La otra piedra angular de mi alimentación pasaron a ser las migas, una preparación culinaria de origen humilde y que con el tiempo pasó a ser un célebre plato tradicional en muchas regiones de España, como en Aragón. Me encantan las migas y sin embargo he de reconocer que no formaban parte de mi plan rutinario de cocina… hasta ahora.

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