martes, 25 de julio de 2017

48 Crónica del GRAN Trail Aneto-Posets 2017


El fin de semana del 22-23 de julio el valle de Benasque congregaba a más de 3000 corredores participantes en las 5 distancias que componen el Gran Trail Aneto-Posets, una gran fiesta del trail que tiene como prueba reina la ultra de 105 km. A las 12 de la noche del viernes al sábado arrancamos los 300 corredores desde el centro del pueblo de Benasque, arropados por miles de personas que animaban sin cesar y retransmitidos en directo por televisión. Aquí comienzaría la historia de una carrera espectacular, disputada desde el principio sin cuartel.

El comienzo fulgurante dejó a todas luces claro el alto nivel competitivo de la carrera. El empuje de un montón de corredores ilusionados con hacer su gran carrera obligó a llevar un ritmo frenético ya por el adoquinado del pueblo. Los primeros en mostrar su ambición fueron el francés Fred Laureau y Alberto González (a la postre primero y sexto clasificados). A su estela el resto, destacando la templanza de Julián Morcillo, cuyo nombre infundía respeto. Como él era un claro favorito le tomé de referencia desde salida y le seguí de cerca. Al paso de los kilómetros Julián alcanzaba la punta y trataba de sosegar la carrera relentizando sutilmente el ritmo del grupo cabecero. Habíamos pasado el puente de San Jaime y nos dirigíamos hacia el Plan de Senarta. Aquí tomé una determinación instintiva. Visto lo lanzada que iba la carrera pensé que llegados a ese punto lo mejor era no dar tregua. Así que me puse a tirar a ritmo exigente evitando que aquello parase. A partir de los Baños de Benasque (primer paso de control, con apenas una hora de carrera) ya solo quedamos en cabeza un trío compartido con el valiente Alberto González y el fiable Julián Morcillo. Sin embargo, muchos corredores seguían al acecho por detrás. Era consciente del riesgo de salir tan rápido. Y no me arrepiento. Mi intención era seleccionar la carrera al máximo y evitar que la gente se acomodara y pudiera venirse arriba con el paso de los kilómetros. De hecho muchos lo pagaron y supongo que en parte yo también. Yo entendía que exprimirse desde el principio es la única manera de tener opciones de victoria en esta carrera.

Así llegaríamos a la Renclusa (km 25) los primeros 6-7 corredores en un pañuelo, cerrando el grupo Nacho Cabal, otro de los favoritos, que posteriormente se descolgaría y terminaría por abandonar. Andábamos ya con un claro adelanto horario rebajando varios minutos el record de la prueba en ese control de paso. Después de abastecernos en la Renclusa llegaríamos a los llanos de Aigualluts antes de afrontar la gran subida al Collado de Salenques. Aquí tuvo lugar el momento crucial de la carrera. El francés Laureau nos pasó a todos y se puso en cabeza encarando la entrada al valle de Barrancs a un ritmo desenfrenado. De hecho, a todos nos pareció una decisión suicida y ninguno nos planteamos seguirlo, confiados de que en algún momento iba a reventar. O eso, o ganaba seguro. 

Detrás del francés formamos un cuarteto perseguidor (Julián Morcillo, Jaime Bordera, Alberto González y yo) hasta alcanzar el collado de Salenques bajando de las 4 horas. El francés no cedía y tuvimos que exigirnos en la persecución durante la travesía por el caos de rocas graníticas hasta el refugio de Llauset. Era la parte más técnica, pura alta montaña, sin senderos claros, con un terreno exigente que te gasta poco o poco. Curiosamente fue la parte donde mejor me sentí de la carrera –en buena medida gracias a los entrenos previos en la zona con mi colega Puchol–. Descendiendo Salenques me di un pequeño respiro y Julián marchó por delante con Jaime. Después me fui acomodando y les di alcance mientras Alberto se quedaba atrás. Desde entonces hasta Benasque seríamos solo 3 los perseguidores directos del lider. En algún momento traté de tirar del grupo para recortar distancias. Aunque no lo conseguíamos ver delante, en el refugio de Llauset aun manteníamos el pulso. Íbamos bien y en el collado de Ballibierna la desventaja que teníamos apenas era de 12 minutos. Sin embargo, en la bajada hasta el refugio de Coronas nos relajamos un poco y la diferencia se agrandaría irremediablemente. Después de pasar por el nuevo -y traicionero- tramo de Estibafreda nos aproximamos a Benasque, cerrando el primer bucle que rodea el Aneto antes de las 9 de la mañana, con un retraso de más de 20 minutos con Laureau. 

En el ecuador de la prueba llegaría la mejor recompensa del día, al recibir el aliento del público y de los corredores de la maratón que aguardaban el paso de los punteros por la calle central de Benasque. Increíble experimentar todo ese calor humano. Solo por eso merecía la pena el esfuerzo hasta allí. Quedaban casi otros 50km de carrera, pero, ¡qué más daba!

En el avituallamiento en el pabellón de Benasque comenzaba una carrera nueva. La lucha por la victoria se había puesto imposible por la solidez del francés y porque las fuerzas no sobraban. Era momento de reponerse con la gran ayuda de mi numeroso equipo de apoyo, en este caso formado por Rox, mi hermana Eli, mis padres, Puchol y Judit… ¡así cualquiera! Cambio de zapas, comer, beber y resetear el plan. Por detrás contábamos con bastante renta. Julián se le veía algo más tocado, pero Jaime parecía estar como una rosa –de hecho kilómetros antes me había dejado impresionado cuando se arrancó a correr por el último filo de ascenso al pico Estibafreda (2700m)–. Estaba claro que el objetivo había cambiado. Ahora había que correr con cabeza, administrar fuerzas y luchar el podio.

Del avituallamiento de Benasque, Jaime, yo y Julián después, salimos escalonados cada uno a su ritmo. El segundo bucle que rodea el Posets sería una carrera en solitario, tratando de gestionar el cansancio y controlando referencias sobre todo por atrás, donde Julián no se daba por vencido y con otro competidor sorprendente dando guerra. Era el corredor de Calamocha, Marcos Ramos, que al final terminaría clasificando en cuarto lugar, al igual que en el Gran Trail de Sobrarbe donde también se marcó una carrera admirable. 

Esta segunda parte de la carrera fue muy exigente por la fatiga acumulada, especialmente la última subida desde Biadós al puerto de Estós. Me ayudó mucho el conocimiento previo del recorrido y también que, para mi sorpresa, me encontraba muscularmente bastante entero. En cambio subiendo me sentía sin aliento, lo que me obligó a tomarme estos tramos con cierta pausa. En el paso por el refugio de Biadós eran casi las dos y media de la tarde (km 82, unas 14h30 de carrera) y tuve ocasión de tomar referencias visuales. Conté más de 15 minutos de desventaja con el segundo y unos 20 minutos de ventaja respecto al cuarto. Desde este punto la carrera parecía muy definida. El último ascenso se me hizo eterno y me lo tomé con mucha calma, guardando fuerzas para el tramo final en descenso y muy corredero. El suspense aumentó cuando en el refugio de Estós me informaban de que el cuarto había pasado por el puerto solo 11 minutos después de mí. Así que los últimos doce kilómetros tuve que correr exigiendo al cuerpo, pero confiado, disfrutando del final de esta gran carrera. Así que en poco menos de 18 horas llegué a meta como tercer clasificado, orgulloso y satisfecho. Sorprendido por toda la expectación generada y por todas las felicitaciones. Y sobre todo agradecido al equipo de apoyo (Rox, Eli, papis, Puch..), a los voluntarios (que me ayudaron enormemente en los puestos de asistencia resolviendo cualquier dificultad que surgió), a todo el público, al resto de corredores, a los medios de comunicación que cubrían el evento, a los organizadores y a los apoyos que hacen posible que esta carrera sea lo que es, un referente en Aragón, una fiesta del trail.

lunes, 26 de junio de 2017

47 Crónica de los 71 km del Gran Trail Sobrarbe

Hay mucho para contar del Gran Trail Sobrarbe. Para empezar que es una prueba que discurre por los senderos de la comarca pirenaica del Sobrarbe atravesando valles, pueblos y collados, siempre aprovechando los senderos naturales ya existentes y balizados para senderismo, por lo que no se dispone de una marcación especial con cintas, a diferencia de lo que suele ser habitual en las carreras de trailrunning. El arranque de la prueba tiene lugar a 500 metros de altitud, desde el castillo medieval de Ainsa –que cuenta con el distintivo de ser uno de los pueblos más bonitos de España– y termina en la localidad de Bielsa a 1050 m, muy cerca ya de la frontera con Francia. Son 71 km de recorrido (enlace al track) con más de 4000m de desnivel positivo, con los primeros 25 km muy rápidos y corribles y con tres grandes ascensiones después (collado de San Miguel, Ibón de Plan y la Cruz de Guardia).

A pesar de no contar con grandes figuras, el nivel competitivo de la prueba fue enorme, con el top 10 por debajo de las 9 horas. La carrera estuvo muy apretada en todo momento y la victoria se la llevó merecidamente el corredor Gaspar Mora, que mejoró en casi media hora su registro del año anterior cuando acabó 5º. Este año fue un tipo muy constante y sobre todo se marcó un descenso final espectacular metiendo 5 minutos de diferencia al resto de punteros en los últimos 9km de carrera que le valieron para hacerse con la victoria en 8h19min. Pero hasta llegar ahí hubo mucha historia.

Arrancamos a las 6:00 y ya había 20 grados de temperatura por lo que la transpiración fue exagerada desde el principio. Hace un par de semanas que salí del frío patagónico y me topé de frente con un día de carrera en el que el calor iba a ser determinante. El comienzo fue rápido y yo me sentí muy cómodo marcando el ritmo en cabeza muchos kilómetros junto con Guillermo Narvión del GMS de Sabiñánigo. Al pie del primer ascenso importante, en el km 25 en Badaín, nos juntamos 5 corredores en cabeza. De ahí en adelante íbamos a tener mucha más compañía puesto que la prueba larga compartía el recorrido restante con la prueba de la maratón. Entonces comenzó una lucha individual de cada uno progresando entre dorsales de otro color y fuimos subiendo hasta el Ibón de Plan, el punto más espectacular paisajísticamente. La subida al Ibón de Plan era prácticamente un kilómetro vertical (1000m de desnivel en unos 6km) y a diferencia de lo que tenía planificado fue el momento más crítico de toda la carrera. No beber suficiente (¡a pesar de no parar de beber!) me generó una sensación de fatiga y deshidratación que me costó superar y que sería causante de los calambres que me acompañaron toda la segunda mitad de carrera. Mi estrategía de marcar diferencia se había malogrado cuando coronamos el ascenso, hacia el km 40 de carrera donde me situaba tercero siguiendo de cerca a Gaspar Mora, que me alcanzó durante el ascenso, y a 4 minutos del primero que por aquel entonces era un sorprendente Marcos Ramos, de Calamocha. A tan solo cinco minutos venían Ricardo Escuer y Jesus Bailo. Es decir, todo muy ajustado y por decidir. 

Antes del avituallamiento de Plan, en una parte llana alcancé otra vez a Gaspar Mora y así comenzaríamos el tramo final de ascenso hasta la Cruz de Guardia (techo de la prueba a unos 2100m) pasando por varios pueblos (Gistain, Serveto y Señés). En ese ascenso me sentía algo más fuerte y recuperado de la crisis pasada en el Ibón de Plan, sin embargo tuve que seguir lidiando con los calambres que no remitían. A mitad de subida alcancé al líder provisional durante buena parte de la prueba que andaba muy castigado ya en ese momento. Sin embargo, por detrás Gaspar apenas se me despegaba y podíamos tener referencia visual constante durante todo el puerto. Al coronar apenas tenía 2 minutos de ventaja. Sabía que claramente no eran definitivos pero tampoco pude bajar más rápido con las malas condiciones musculares que traía. La verdad que nunca jamás antes había tenido calambres y las sensaciones que estaba experimentando me parecían un suplicio. He de reconocer que coronando, quedando apenas 10km a meta, iba pensando “porque voy primero y quedaría muy mal, sino en la misma cima me retiro”. Pero bueno, era momento de sufrir, sonreír para la foto que nos hizo Monrasín y terminar con lo que habíamos empezado. En la cima me esperaba mi compañero de equipo del CAU (Club Alpino Universitario) Jorge Silva, que estaba a punto de completar su primera maratón de montaña. Un puntito de motivación más para arrancar el último descenso. 

Y el desenlace final, a falta de 6 o 7km a meta. Ahí me alcanzó y me superó Gaspar Mora que venía bajando como una exhalación. Así que le dejé paso y terminé mi carrera como segundo clasificado a menos de 3 minutos del ganador. En la meta esperaban Rox y mis padres que habían estado siguiendo de cerca toda la carrera dándome ánimos y referencias en varios puntos de la carrera. Sinceramente no terminé contento porque no me salió la carrera que esperaba. Pero al margen de la posición, me queda una nueva vivencia, compitiendo de nuevo en el Pirineo casi dos años después y frente a muchos corredores en un nivel espectacular. Otro podio más a la cuenta y muchos retos importantes por delante esta misma temporada.

Foto de Ramón Ferrer (@Monrasín; http://monrasin.blogspot.com.es/2017/06/gran-trail-sobrarbe.html): liderando la carrera a 10km de meta en la parte final de ascenso al collado de la Cruz de Guardia.

martes, 6 de junio de 2017

46 Despidiendo al frío (por un tiempo)

Las primeras nieves se acercan a Zapala. La cordillera se vistió de su atuendo invernal. De la capota de nubes cordilleranas se soltó algún latigazo que dejó el paraje de Laguna Blanca con una fina capa de nieve polvo modelada después por el fuerte viento. Tras el temporal, el siguiente día tocaba entrenar en cerro, con buen sol. En la subida a los volcanes Mellizos se podía pisar nieve nueva, solo estrenada por las marcas de huellas de fauna (zorritos, liebres y algún atajo de chivas). Para terminar, en la laguna los flamencos volaban ya sobre fondo blanco, haciendo espectacular contraste. Bonita estampa para despedir el frío. De vuelta a España por una estadía de investigación. Invierno austral nos volveremos a encontrar, pero aún no.

viernes, 26 de mayo de 2017

45 Conociendo otros rincones del Neuquén: los dinosaurios de Rincón de los Sauces

En un rincón perdido del Neuquén, fuera del camino natural a cualquier parte, próximo al límite con Mendoza y vigilado por la imponente presencia en el horizonte del volcán Tromen. Hasta ese lugar llamado Rincón de los Sauces habría que irse para conocer una de las colecciones de dinosaurios más espectaculares de la Argentina. En la colección paleontológica del museo municipal se alojan los fósiles de una cuadrilla de especies de dinosaurios nacidas de la excavación y el estudio de un conjunto de yacimientos del Cretácico Superior muy próximos a la localidad. En una ciudad con una historia reciente levantada en torno al petróleo, la labor paleontológica en los últimos años la ha dotado de renombre, superponiéndose como un auténtico icono cultural. Esta labor paleontológica ha estado bien pilotada por el que hasta ahora fuera director del museo, Leo Filippi. Como resultado, la familia de los dinosaurios de Rincón no ha dejado de crecer y así se fueron sumando las descripciones de nuevas especies como los Petrobrasaurus, Viavenator, Overosaurus, y los que están por llegar. Uno de los futuros miembros de la saga fue el que me llevó hasta allí, seguro protagonista de una próxima historia. 

lunes, 24 de abril de 2017

44 Se oyen bramar, en la noche (los dinosaurios)


Era un día cualquiera, feo y otoñal. Hasta ese momento en que tuvo lugar en el museo uno de los encuentros más gratificantes e inesperados. Desde que presentamos al público el nuevo hallazgo del dinosaurio Isaberrysaura mollensis son frecuentes las visitas preguntando por sus fósiles, que actualmente se guardan al margen de la exposición. Sin embargo, ninguna tan genuina. Apareció una anciana mapuche interesándose por ver ese fósil que procede del paraje zapalino donde habita la comunidad a la que ella pertenece. Aparte de mostrarle el dinosaurio y explicarle sus características, ella me contó otra historia mucho más interesante que la mía. Se oyen bramar, por la noche. Muchos animales, nada que ver con ganado, más fuerte. Cuentan incluso que han salido del suelo para comerse a alguien. Sean mapuches o sean lugareños de las altas sierras turolenses, todos viven su tierra y se nutren de sus misterios. No sabe la señora el regalo que me hizo. Alejarme más de 10.000 kilómetros para estudiar un dinosaurio cobra sentido.

martes, 18 de abril de 2017

43 Los paraísos escondidos del Neuquén


El norte de la Patagonia es una región argentina que usualmente pasa desapercibida para los grandes circuitos turísticos que se ofertan en el exterior. Sin embargo, es una tierra que ofrece diversidad de matices. La visita de mis padres sirvió, entre otras cosas, de invitación al redescubrimiento de algunos de los parajes excepcionales que alberga la provincia de Neuquén, esa indómita tierra que me aloja desde hace ya más de un año. Hacen falta solo dos brochazos para plasmar la disparidad de paisajes cordilleranos que ofrecen estas latitudes. De un lado, la mística atrapadora de las aguas azules del lago Nahuel Huapi y sus orillas de verde exuberante en Villa La Angostura. Del otro, uno de los últimos refugios de las araucarias, Caviahue. Estos árboles emblemáticos se enraízan estoicamente en los suelos volcánicos de las faldas del volcán Copahue, siendo longevos testigos de su continuo humear. Tan sólo dos pequeñas muestras de una gran paleta multicolor.

martes, 11 de abril de 2017

42 Mi crónica del Patagonia Run 145k

Patagonia Run es la carrera más importante a la que me he enfrentado hasta ahora, tanto por la distancia como por el nivel competitivo. Se celebraba el fin de semana del 8 abril en San Martín de los Andes, Neuquén. La prueba de ultra trail más prestigiosa de Sudámerica congregó a un centenar de participantes en la distancia reina y unos 2000 en el total del evento. Los de 145k salimos a las 18:00 del viernes desde el centro de San Martín. El ritmo desde el arranque fue una locura como demostró el alto número de abandonos registrados con apenas 20km de carrera. Enseguida se escapó un grupo de 6 corredores en torno a la figura de Sergio Trecamán, el gran favorito. Marqué mi ritmo por detrás sin entrar en el juego endiablado de la punta de carrera. En esos comienzos tuve la grata ocasión de tirar unos kilómetros con Gustavo Ismail, a la postre tercero de la general.

Cuando llevábamos una decena de kilómetros, ya acomodado, empecé a remontar con un buen ritmo de carrera. Al km 20 ya iba tercero, a la caza de los dos de arriba –Trecamán y Castillo-. Los alcancé y seguí tirando a mi ritmo. En ese momento Trecamán reaccionó y quiso seguirme. Hice un pequeño hueco que me permitió entrar primero en solitario en el bucle que nos llevaba al sector de Corfone (kilómetros 30-50). Hacia el km 35 acusé por primera vez el esfuerzo y llegó también el primer cambio de pilas de mi luz frontal. Trecamán que andaba cerca me pasó entonces, pasando a ser el lider. Así retomamos el ascenso al cerro Colorado. Debimos coronar muy próximos primero y segundo, y al poco de comenzar el abrupto descenso lo alcancé. En la parte final de la bajada me puse primero a tirar y eso me permitió llegar al primer gran puesto de asistencia (PAS Colorado km70) con escasos minutos de ventaja. De allí salí líder hacia el PAS Quilanlahue donde me tocó cambiar pilas al frontal por segunda vez. Eran sobre las 3:00 de la madrugada y el ritmo que llevábamos era para bajar sobrados de las 18 horas en meta. Al comenzar la subida al Quilanlahue, el segundo y último gran cerro de la carrera, Trecamán me había alcanzado de nuevo y apenas nos separaban 10 metros. Durante la subida volví a distanciarme y después de coronar, continuaba el descenso hacia el lago Lácar líder en solitario. Con más 90km en las piernas empecé a notar que me estaba agotando tanto de piernas como de empuje.

Pasaron lentamente los kilómetros, hasta casi llegar al PAS Quechuquina (km 104), donde la luz del frontal de Trecamán volvió a resurgir en la oscuridad. El tipo era como una roca, imposible abrirle diferencia. Él siguió firme sin perderle nunca la cara a la carrera. Así que a falta de 40 km a meta coincidimos primero y segundo reponiendo fuerzas en el puesto. Ya me notaba vacío y veía difícil seguir disputándole la victoria. Por detrás no sabíamos cómo venía la carrera aunque imaginábamos que había diferencias. En mi último intento por ganar salí por delante del puesto y tiré rumbo al mallín del Quilanlahue que aún estaba a 15km de distancia. Sin embargo, la realidad se impuso. Y al poco, Trecamán me pasó corriendo en subida y abrió algo de hueco. Llegó la luz del día y en los tramos despejados de árboles podía ver al Treca delante de mí, apenas a 200-300 metros. En el PAS Quilanlahue, a 26km de meta nos saludamos por última vez, a mí no me quedaba ni un gramo de fuerza para salir detrás y alcanzarle.
De ahí a meta, las fuerzas ya no me alcanzaban para correr ante la más mínima pendiente y fue el momento de tener paciencia, correr cuesta abajo y andar ligero cuando no podía seguir corriendo. Me fui dejando llevar sabiendo lo poquito que quedaba y calculando que por atrás no me apretaba nadie. Al final llegué. Y segundo, a solo 12 minutos del gran ganador. Fundido de arriba abajo disfruté de la recta final por la avenida San Martín cada paso que di. Sobre todo me quedó la gran satisfacción de haberle disputado la victoria durante más de 100km a un corredor de la talla de Sergio Trecamán en su prueba predilecta. No me dejé nada dentro. Me quedo también con el apoyo y reconocimiento en estos días por parte de amigos, familia y de gente que no conocía que me motivan para seguir progresando y enfrentar nuevos retos.

martes, 28 de marzo de 2017

41 Colorado y Quilanlahue

Dos nombres propios destacan en el trazado de la carrera de ultratrail más importante de la Patagonia argentina: El Colorado y el Quilanlahue. Son los dos cerros más altos por los que pasará la Patagonia Run 145k, que se celebra en el entorno de San Martín de los Andes a principio de abril. Dos semanas antes de la gran cita nos fuimos a conocerlos en un entrenamiento de gran calidad con Fede y con Alejandro, otro nuevo amigo del trailrun. Fue además el primer viaje largo de mi nuevo auto, el “Tipito” (un Fiat Tipo del 94). Un gran ensayo en el sumamos corriendo un buen puñado de kilómetros en dos días, con senderos empinados, castigadores descensos y algún que otro apuro dentro del frondoso bosque –incluyendo ataque múltiple de avispas–. San Martín de los Andes, dentro de diez días nos volvemos a ver.

sábado, 25 de marzo de 2017

40 En la sierra de Chachil

Durante dos salidas consecutivas nos adentramos en las inhóspitas montañas de la sierra de Chachil, esas que dominan el horizonte de Zapala con sus más de 2800 metros de altura. Sin premeditación habíamos reservado lo mejor de entre los cerros vecinos para el final del verano y quizá por eso el regusto final fue todavía mejor. El día que alcanzamos cima formamos equipo con Fede y Koba terminando la jornada con 36 kilómetros de puro trail en las piernas. Al cerro Chachil se llega a través de una larga aproximación de unos 10 kilómetros hasta llegar al verdadero dominio montañoso. Ya en el corazón de la sierra el entorno es agreste, con filos rocosos, neveros permanentes, lagos refrescantes y arroyos bravíos. Es la morada de cóndores que vuelan bordeando los peñascos dejándose ver extraordinariamente cerca. Por último, en la cumbre, como la panorámica que se descubre en lo alto no hay otra igual. Se divisa la silueta piramidal del volcán Lanín al sur y la de otros volcanes chilenos al noroeste. Hacia el norte, las cimas vecinas que continúan el cordón del Chachil, y tras ellas el Atravesado y el Palau Mahuida. Hacia el este queda Laguna Blanca y los volcanes que la secundan. Un rinconcito de paraíso andino para volver más de una vez, y a solo 50 km de Zapala.

miércoles, 15 de marzo de 2017

39 La Champa Ultra Race 70k

Arranqué mi temporada de carreras ultra en las montañas cordobesas con la Champa Ultra Race 70K con salida y llegada en el pueblito de San Javier. En realidad fueron unos 65km en los que se subía hasta el cerro Champaquí (2800m) y se andaba por terreno montañoso todo el tiempo, con sectores técnicos y paisajes inspiradores. Me venía muy bien a mis características y llegaba con buena preparación. El nivel de los participantes no era tan exigente en los 70k como en la prueba de 50k que se celebraba simultáneamente, y que era clasificatoria para formar parte del seleccionado argentino para el mundial de ultratrail de Italia de este año. Con esos factores previos las expectativas que tenía eran altas, aunque luego en carrera nunca se sabe lo que te puedes llegar a encontrar.

Salimos a las 5:00 de la mañana las dos distancias juntas (50 y 70) y los más rápidos estiraron la carrera desde el primer momento. Para cuando comenzó el fuerte ascenso por la Cuesta de la Cabras el pelotón inicial se había convertido en un largo reguero de luces. Entre ellos andaba yo a un ritmo ligero pero sin forzar. Sin referencias de contrincantes fui pasando corredores y esa parte inicial, subiendo desde 800m a 2600m en 15km, marcó la carrera. Para entonces iba primero, pero sin referencias de los perseguidores más próximos. La carrera discurría por terrenos muy entretenidos de rocas graníticas con buen agarre y subidas y bajadas. Hacia el kilómetro 40 se encaraba la subida definitiva al cerro Champaquí y andaba cómodo a mi ritmo. En ese tramo de carrera llevé un tono más o menos constante con algún déficit de agua que resolví cargando en uno de los arroyos y tomando algún gel que resolvió las sensaciones de vacío que afloraban hacia el ecuador de carrera. La parte final del cerro se hizo exigente. Después tocaba la parte más áspera de la carrera para mi gusto. Una docenita de kilómetros por el alto de la sierra a través de un camino para 4x4 que se hizo largo hasta llegar al tramo final de descenso. 

Buena parte de la carrera me la pasé corriendo sin tensión y a falta de 15 kilómetros iba bajando a un ritmo ramplón cuando me llevé el gran susto de la carrera. Al volver la vista atrás el segundo clasificado me había alcanzado. Era el cordobés Nicolas Pérez, que venía haciendo una sólida carrera de menos a más. Me enfadé conmigo mismo por dejarme llevar y desconectar mentalmente de la carrera. Empezaba una carrera nueva en la que había que darlo todo para defender la posición. Así que me la jugué lanzándome en el descenso técnico a tope y sin mirar atrás. Cuando acabó el descenso pronunciado quedaban 8km a meta y volví a perder la visión directa con mi perseguidor. Seguí corriendo a fondo y cuando llegué a meta fueron unos 9 minutos los que saqué de ventaja. En ese tramo final de llano picando para abajo me vino genial los repetitivos entrenos por la ciclovía de Zapala y el encontrarme en el final de recorrido con mi compa Fede Zamudio que me animó a no aflojar –al tipo todavía le quedaban fuerzas para apoyarme corriendo a la par después de haber estado disputando su carrera de 50k en la que estuvo luchando con los buenos–. Así que la carrera tuvo un feliz desenlace con un primer puesto muy trabajado. Una gran ultra la del Champaquí, totalmente recomendable para los verdaderos amantes de las carreras por montaña –o trailrunning–.

martes, 28 de febrero de 2017

38 ¡Cóndores!

De forma inesperada tuve la fortuna de contemplar uno de esos Grandes Espectáculos de la Naturaleza. Fue el día que me decidí a llegar pedaleando hasta Primeros Pinos –50km desde Zapala– y de allí salir corriendo hasta la cima del Atravesado (2590m). Ya comencé contento la jornada porque estrenaba bicicleta –¡una de verdad! –, dejando atrás la sufrida era del hierrociclo. En el ascenso hacia el cerro se veían puntos negros planeando alrededor. Pensé que eran jotes cuando me sobrevoló uno durante mi avance. Pero al poco reconocí un par de cóndores. Y ya próximo al filo, a mitad de montaña, estaba rodeando de cóndores. Cuando empecé a tomar conciencia del sorprendente hecho saqué la cámara para fotografiar y filmar los vuelos rasantes de estos emblemáticos bichos. Conté una quincena de ejemplares. Había machos con collar y dorso de las alas blancos, hembras de color todo oscuro y también enormes y otros que parecían juveniles. Se escuchaba perfectamente el ruido de sus alas rompiendo el aire. Me pasaban por encima proyectando una sombra enorme o por debajo de mi posición, cruzándose entre ellos o volando a la par. Un momento para grabar para el recuerdo. Solo por esto mereció la pena venirse a la Argentina.

miércoles, 22 de febrero de 2017

37 La última cena de un dinosaurio del Jurásico

El bichito responsable en último término de que yo me viniera a la Argentina se llama Isaberrysaura mollensis. Después de varios meses de ardua batalla editorial, salió publicado el primer artículo científico sobre este dinosaurio del Jurásico recuperado en las cercanías de Zapala y depositado en las colección del Museo Olsacher. El proyecto de investigación posdoctoral en el que estoy embarcado gira en torno a este excepcional ejemplar fósil que tiene todavía mucho que decir. De momento, en el primer trabajo que sale a la luz sobre Isaberrysaura, y que ha estado liderado por Leo Salgado, se ha dado a conocer el nombre de la nueva especie y la gran sorpresa que alberga en su interior. El esqueleto articulado de este dinosaurio ornitisquio preserva en su interior restos del contenido estomacal del animal, un hecho prácticamente insólito en el registro fósil mundial. Según los restos identificados, Isaberrysaura se alimentó de semillas, principalmente de Cycadales, un grupo de plantas habituales en el Jurásico y cuyo aspecto podría asemejarse al de las palmeras o al de algunos helechos. El hallazgo había levantado expectación entre el público y la prensa de ámbito local. Con motivo de la publicación algunos elementos fueron expuestos temporalmente en la exhibición del museo.

Aquí el enlace a la publicación científica en la revista Scientific Reportshttp://www.nature.com/articles/srep42778

domingo, 29 de enero de 2017

36 En el techo de Patagonia: Domuyo 4713 metros


Surgió de forma improvisada la opción de subir al punto más alto de la Patagonia el día de antes. Sin necesidad de pensar nada volví a llenar la mochila de aperos de montaña y tras unas cuantas horas de viaje por asfalto y tierra estábamos al pie del coloso patagónico, el Domuyo. Un cerro con fama de volcán que se eleva hasta los 4713m en el norte de la provincia de Neuquén, en un paraje remoto, muy alejado de cualquier lugar medianamente poblado. La noche previa al ataque, mientras cenamos en el campamento a 2250 metros de altura sentimos como la tierra tembló varias veces de forma puntual, la primera vez que vivía un terremoto y que no pasará de una curiosa anécdota. El reto que nos propusimos Fede, Emi, Koba y yo, -los integrantes de la expedición de 4-, fue el de ascender de forma directa desde el punto donde termina el acceso rodado (2250m) hasta la cima en una sola jornada. Son casi 2500 metros de desnivel positivo que convencionalmente se salvan en varias jornadas plantando campamentos intermedios (campo 1 a 3100m y campo 2 a 3900m). Lo conseguimos. En menos de siete horas estábamos arriba, mientras que la vertiginosa bajada costó mucho menos de la mitad de tiempo. Las condiciones eran las ideales, con buen clima y la energía suficiente para que disfrutáramos la ascensión. Una aventura perfecta y una cima más para la colección.

Enlace al video de la ascensión: https://www.youtube.com/watch?v=BdqyGxBoot8

lunes, 23 de enero de 2017

35 Desde el cerro Atravesado

Del horizonte serpenteante que se aprecia desde Zapala hacia el oeste destaca el perfil triangular del cerro Atravesado, una montaña de 2590 metros de altura que clásicamente se asciende desde Primeros Pinos. Los 50 kilómetros distancia eran una distancia insalvable hasta que Fede consiguió su motocicleta. Por fin con un transporte a motor, el acceso al pie del cerro de silueta memorizada estaba al alcance. Tras una hora de viaje estábamos en Primeros Pinos y desde ahí arrancaba un entrenamiento en montaña de más de 20 kilómetros en total, pasando por la laguna y alcanzando la cima del Atravesado. Por una vista desde el punto opuesto, ahora casi todo quedaba por debajo, Zapala en la meseta al este, la laguna y las araucarias de Primeros Pinos ahí mismo. Como vecinos de arriba los cerros del cordón del Chachil de más de 2800 metros y al fondo varios volcanes chilenos y argentinos. De entre todos el más majestuoso el Lanín, seguro protagonista de una historia que está por venir.