lunes, 24 de abril de 2017

44 Se oyen bramar, en la noche (los dinosaurios)


Era un día cualquiera, feo y otoñal. Hasta ese momento en que tuvo lugar en el museo uno de los encuentros más gratificantes e inesperados. Desde que presentamos al público el nuevo hallazgo del dinosaurio Isaberrysaura mollensis son frecuentes las visitas preguntando por sus fósiles, que actualmente se guardan al margen de la exposición. Sin embargo, ninguna tan genuina. Apareció una anciana mapuche interesándose por ver ese fósil que procede del paraje zapalino donde habita la comunidad a la que ella pertenece. Aparte de mostrarle el dinosaurio y explicarle sus características, ella me contó otra historia mucho más interesante que la mía. Se oyen bramar, por la noche. Muchos animales, nada que ver con ganado, más fuerte. Cuentan incluso que han salido del suelo para comerse a alguien. Sean mapuches o sean lugareños de las altas sierras turolenses, todos viven su tierra y se nutren de sus misterios. No sabe la señora el regalo que me hizo. Alejarme más de 10.000 kilómetros para estudiar un dinosaurio cobra sentido.

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