martes, 25 de julio de 2017

48 Crónica del GRAN Trail Aneto-Posets 2017


El fin de semana del 22-23 de julio el valle de Benasque congregaba a más de 3000 corredores participantes en las 5 distancias que componen el Gran Trail Aneto-Posets, una gran fiesta del trail que tiene como prueba reina la ultra de 105 km. A las 12 de la noche del viernes al sábado arrancamos los 300 corredores desde el centro del pueblo de Benasque, arropados por miles de personas que animaban sin cesar y retransmitidos en directo por televisión. Aquí comienzaría la historia de una carrera espectacular, disputada desde el principio sin cuartel.

El comienzo fulgurante dejó a todas luces claro el alto nivel competitivo de la carrera. El empuje de un montón de corredores ilusionados con hacer su gran carrera obligó a llevar un ritmo frenético ya por el adoquinado del pueblo. Los primeros en mostrar su ambición fueron el francés Fred Laureau y Alberto González (a la postre primero y sexto clasificados). A su estela el resto, destacando la templanza de Julián Morcillo, cuyo nombre infundía respeto. Como él era un claro favorito le tomé de referencia desde salida y le seguí de cerca. Al paso de los kilómetros Julián alcanzaba la punta y trataba de sosegar la carrera relentizando sutilmente el ritmo del grupo cabecero. Habíamos pasado el puente de San Jaime y nos dirigíamos hacia el Plan de Senarta. Aquí tomé una determinación instintiva. Visto lo lanzada que iba la carrera pensé que llegados a ese punto lo mejor era no dar tregua. Así que me puse a tirar a ritmo exigente evitando que aquello parase. A partir de los Baños de Benasque (primer paso de control, con apenas una hora de carrera) ya solo quedamos en cabeza un trío compartido con el valiente Alberto González y el fiable Julián Morcillo. Sin embargo, muchos corredores seguían al acecho por detrás. Era consciente del riesgo de salir tan rápido. Y no me arrepiento. Mi intención era seleccionar la carrera al máximo y evitar que la gente se acomodara y pudiera venirse arriba con el paso de los kilómetros. De hecho muchos lo pagaron y supongo que en parte yo también. Yo entendía que exprimirse desde el principio es la única manera de tener opciones de victoria en esta carrera.

Así llegaríamos a la Renclusa (km 25) los primeros 6-7 corredores en un pañuelo, cerrando el grupo Nacho Cabal, otro de los favoritos, que posteriormente se descolgaría y terminaría por abandonar. Andábamos ya con un claro adelanto horario rebajando varios minutos el record de la prueba en ese control de paso. Después de abastecernos en la Renclusa llegaríamos a los llanos de Aigualluts antes de afrontar la gran subida al Collado de Salenques. Aquí tuvo lugar el momento crucial de la carrera. El francés Laureau nos pasó a todos y se puso en cabeza encarando la entrada al valle de Barrancs a un ritmo desenfrenado. De hecho, a todos nos pareció una decisión suicida y ninguno nos planteamos seguirlo, confiados de que en algún momento iba a reventar. O eso, o ganaba seguro. 

Detrás del francés formamos un cuarteto perseguidor (Julián Morcillo, Jaime Bordera, Alberto González y yo) hasta alcanzar el collado de Salenques bajando de las 4 horas. El francés no cedía y tuvimos que exigirnos en la persecución durante la travesía por el caos de rocas graníticas hasta el refugio de Llauset. Era la parte más técnica, pura alta montaña, sin senderos claros, con un terreno exigente que te gasta poco o poco. Curiosamente fue la parte donde mejor me sentí de la carrera –en buena medida gracias a los entrenos previos en la zona con mi colega Puchol–. Descendiendo Salenques me di un pequeño respiro y Julián marchó por delante con Jaime. Después me fui acomodando y les di alcance mientras Alberto se quedaba atrás. Desde entonces hasta Benasque seríamos solo 3 los perseguidores directos del lider. En algún momento traté de tirar del grupo para recortar distancias. Aunque no lo conseguíamos ver delante, en el refugio de Llauset aun manteníamos el pulso. Íbamos bien y en el collado de Ballibierna la desventaja que teníamos apenas era de 12 minutos. Sin embargo, en la bajada hasta el refugio de Coronas nos relajamos un poco y la diferencia se agrandaría irremediablemente. Después de pasar por el nuevo -y traicionero- tramo de Estibafreda nos aproximamos a Benasque, cerrando el primer bucle que rodea el Aneto antes de las 9 de la mañana, con un retraso de más de 20 minutos con Laureau. 

En el ecuador de la prueba llegaría la mejor recompensa del día, al recibir el aliento del público y de los corredores de la maratón que aguardaban el paso de los punteros por la calle central de Benasque. Increíble experimentar todo ese calor humano. Solo por eso merecía la pena el esfuerzo hasta allí. Quedaban casi otros 50km de carrera, pero, ¡qué más daba!

En el avituallamiento en el pabellón de Benasque comenzaba una carrera nueva. La lucha por la victoria se había puesto imposible por la solidez del francés y porque las fuerzas no sobraban. Era momento de reponerse con la gran ayuda de mi numeroso equipo de apoyo, en este caso formado por Rox, mi hermana Eli, mis padres, Puchol y Judit… ¡así cualquiera! Cambio de zapas, comer, beber y resetear el plan. Por detrás contábamos con bastante renta. Julián se le veía algo más tocado, pero Jaime parecía estar como una rosa –de hecho kilómetros antes me había dejado impresionado cuando se arrancó a correr por el último filo de ascenso al pico Estibafreda (2700m)–. Estaba claro que el objetivo había cambiado. Ahora había que correr con cabeza, administrar fuerzas y luchar el podio.

Del avituallamiento de Benasque, Jaime, yo y Julián después, salimos escalonados cada uno a su ritmo. El segundo bucle que rodea el Posets sería una carrera en solitario, tratando de gestionar el cansancio y controlando referencias sobre todo por atrás, donde Julián no se daba por vencido y con otro competidor sorprendente dando guerra. Era el corredor de Calamocha, Marcos Ramos, que al final terminaría clasificando en cuarto lugar, al igual que en el Gran Trail de Sobrarbe donde también se marcó una carrera admirable. 

Esta segunda parte de la carrera fue muy exigente por la fatiga acumulada, especialmente la última subida desde Biadós al puerto de Estós. Me ayudó mucho el conocimiento previo del recorrido y también que, para mi sorpresa, me encontraba muscularmente bastante entero. En cambio subiendo me sentía sin aliento, lo que me obligó a tomarme estos tramos con cierta pausa. En el paso por el refugio de Biadós eran casi las dos y media de la tarde (km 82, unas 14h30 de carrera) y tuve ocasión de tomar referencias visuales. Conté más de 15 minutos de desventaja con el segundo y unos 20 minutos de ventaja respecto al cuarto. Desde este punto la carrera parecía muy definida. El último ascenso se me hizo eterno y me lo tomé con mucha calma, guardando fuerzas para el tramo final en descenso y muy corredero. El suspense aumentó cuando en el refugio de Estós me informaban de que el cuarto había pasado por el puerto solo 11 minutos después de mí. Así que los últimos doce kilómetros tuve que correr exigiendo al cuerpo, pero confiado, disfrutando del final de esta gran carrera. Así que en poco menos de 18 horas llegué a meta como tercer clasificado, orgulloso y satisfecho. Sorprendido por toda la expectación generada y por todas las felicitaciones. Y sobre todo agradecido al equipo de apoyo (Rox, Eli, papis, Puch..), a los voluntarios (que me ayudaron enormemente en los puestos de asistencia resolviendo cualquier dificultad que surgió), a todo el público, al resto de corredores, a los medios de comunicación que cubrían el evento, a los organizadores y a los apoyos que hacen posible que esta carrera sea lo que es, un referente en Aragón, una fiesta del trail.